Un paseo por los enigmas del parque

By 9 julio, 2016Antoni Gaudí

En el año 1900, Eusebi Güell adquirió quince hectáreas de terreno en el noreste de Barcelona: quería convertirlo en un complejo residencial privado. Antoni Gaudí fue el arquitecto encargado de dar forma al proyecto que debía servir como un pequeño paraíso terrenal para la burguesía barcelonina.

Sesenta son las parcelas enjardinadas que presidían la ciudad de Barcelona y el mar Mediterráneo. Las viviendas se orientaban hacia el sur y estaban dispuestas mediante un sistema escalonado, con la intención de mantener el privilegiado panorama como principal reclamo del lugar. El nombre del proyecto: Park Güell.

Inspirándose en el concepto inglés de ciudades-jardín, Gaudí no perdió la oportunidad, como era habitual en su arquitectura, de crear un espacio integrado con el entorno natural. A través de la luz, los materiales, y las ideas, homenajeó a la luz, los colores, las formas y los valores de la cultura mediterránea. En cuanto al uso del barrio residencial, su planificación incluía zonas de uso común con finalidades tanto lúdicas como comerciales y espirituales.

Desgraciadamente, el proyecto urbanístico como tal fracasó. De las sesenta parcelas solo se vendieron tres, una de las cuales fue del mismo Gaudí. Hoy en día, aun así, podemos admirar entre muchos otros elementos el dragón, prácticamente la mascota de la ciudad; la sala hipóstila, conocida por sus solemnes columnas; sin dejar de lado el imponente y sinuoso banco, espectacular mirador y punto de encuentro imprescindible del parque. ¡Y es que no fue el lugar más fotografiado de España en Instagram en 2015 por nada!

Podemos considerar que el parque es un excelente ejemplo de arquitectura ecológica. El suelo del teatro griego, tal como se conocía el espacio en el que el banco hace de barandilla, no fue pavimentado por una razón y es que de esta manera se permite que la lluvia se filtre por la arena hasta llegar a una canalización que comunica con las ochenta y seis columnas dóricas perforadas de la sala. Una cisterna, de mil doscientos metros cúbicos la recoge debajo del suelo de la sala, utilizándose para regar el parque. En caso de que sobrara, es el dragón de la gran escalinata el que aprovecha del agua en su función de fuente de bienvenida.

Pura economía. Y esto no se queda aquí: estas columnas fueron construidas in situ, para ahorrar los costes de producción, del mismo modo que se hizo con las bóvedas de cerámica y mortero que todavía sostienen la hipóstila. ¿Por cierto, sabíais que la finalidad de esta sala era hacer un mercado?

El parque, siguiendo la idea de la Colonia Güell, consideró en un principio la construcción de un templo. En la exposición Las obras maestras, dentro del marco de la visita Paseando con Gaudí, se puede ver una maqueta de cómo debía ser la iglesia. ¿No os suena haber visto una iglesia dentro del parque? Seguro que conoceréis El Calvario. No hablamos de lo que supone subir hasta arriba del parque, sino de las tres naves que Gaudí situó encima del mismo cerro en homenaje al templo que no pudo ser construido.

Hoy, un siglo después de haber dado por terminado el proyecto, el Park Güell es mucho más que un parque. Es mucho más que Patrimonio Universal de la UNESCO y que una estrella indiscutible de las redes sociales. Es más que un mirador y una pista para los runners más matutinos. El Park Güell es un pulmón en la ciudad, una oda a la obra de un genio y un recuerdo permanente del patrimonio real de Barcelona: la voluntad de transformar los valores de una cultura en una belleza que enamore al mundo entero.