La obra menos conocida de Gaudí

By 23 julio, 2016Antoni Gaudí

Si sois barceloninos, es posible que os permitáis la licencia de mirar el móvil cuando vuestro autobús pasa por la calle Marina con Rosselló, ignorando el templo más famoso de la Ciudad. Si estos días vais de rebajas, no sería de extrañar que os recorrierais el Paseo de Gracia como si fuera el pasillo de vuestra casa, mirando más bien el parqué y demasiado enfrascados en vuestra rutina como para poner atención a los maravillosos cuadros del abuelo, que en nuestra metáfora son el efecto de la Casa Batlló o la Casa Milà (si, La Pedrera).

O puede que no. Puede que hicierais cola para haceros una selfie con el dragón del Parque Güell o que seáis los primeros en pisar la Casa Vicens una vez sea abierta al público. Lo que está claro, es que estamos demasiado acostumbrados a una arquitectura de lujo como para dirigir la mirada al cielo, con curiosidad, como hacen tantas y tantas personas cada día seducidas por la peculiaridad del trabajo de Gaudí. La fama internacional del trencadís no es ninguna novedad.

En cualquier caso, todo el mundo sabe que la obra de Gaudí va más allá de las obras estrella. De la misma manera que sabemos que Picasso pinto una infinidad de cuadros más allá del Guernica o de Las señoritas de Avignon a pesar de que no seamos capaces de nombrar ninguno de los títulos. De este mismo modo sabemos que Gaudí debió diseñar más edificios, a parte de los mencionados más arriba. ¿Las puertas de las Fincas Miralles de la calle Girona? Exacto. ¿Los Pabellones Güell con el dragón de Hierro en la reja de la Avenida Pedralbes? Muy bien. ¿Las farolas de la Plaza Reial? También. ¡Excelente!

Siguiendo esta línea ascendente en el conocimiento exhaustivo de la arquitectura Gaudiniana, muchos de vosotros, pequeños eruditos de la creación del arquitecto de Reus, enumeraréis orgullosos el Col·legio de las Teresianas en la Avenid general Mitre, la cripta de la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervellò, siempre modesta, pero presumiendo de su verdor. ¿Cómo? Os preguntaran, ¿un edificio de Gaudí en el Raval? Y sacareis pecho y diréis, ¡claro que sí, y además el Palacio Güell es exuberante! O la Torre Bellesguard, elegante y exquisita, dominando la Ciudad desde Collserola.

Pero todavía hay más. No nos olvidemos de que Gaudí fue inmensamente productivo y que trabajó hasta, prácticamente el día de su muerte. Como ya debéis saber, Gaudí fue un hombre solitario, cosa que lo llevo a dedicarse al estudio, la experimentación, el diseño y la creación de aquello que vemos hoy. Bien, de aquello, que os explicamos aquí.

Porque resulta que hay otros edificios que pasan desapercibidos. Ya sea por estar fuera de Barcelona, ya sea por cumplir una función que va más allá de la visita (como la restauración), ya sea porque son de la misma modestia que el maestro que las levantó, hay que son verdaderos diamantes en su estado más puro. Os hacemos un repaso de aquellas que pensamos que su popularidad no acaba de hacer justicia a su carácter:

  1. La Cooperativa Obrera Mataronense fue construida entre el 1878 y el 1882, en la capital del Maresme. La que hoy acoge la colección Bassat de Arte Contemporáneo fue en un principio la sede social de la cooperativa, diseñada para influir una fábrica, un edificio de servicios, una zona con casas económicas y un casino enjardinado. A pesar de que hoy en día solo conozcamos las dos primeras y una nave, la Nave Gaudí los arcos que la caracterizan nos ayudan a entender su arquitectura posterior y su propósito socialista utópico, una ideología que le acompañó toda su vida.
  2. Con el pomposo nombre de “El Capricho” se conoce que chalet cantábrico Villa Quijano, construido en Comillas entre 1883 y 1885. Esta residencia de verano recuerda por sus elementos estructurales y decorativo a la Casa Vicens, ya que se trata de dos obras en las que se revela la máxima influencia del Próximo y el Extremo Oriente en Gaudí. De la torre cilíndrica sobresalen las cerámicas con girasoles y su planta en forma de U. Que no os engañen sus dimensiones: El Capricho (conocido así por su exuberancia) es en efecto, un capricho para los ojos y para los que sueñan despiertos imaginando unos interiores y exteriores que en su día fueron casa y disfrute de alguien. ¡Y sí! Se puede visitar.
  3. El año 1901, Eusebio Güell encargó a Gaudí un edificio que servía a residencia a los técnicos de su productora de cemento Asland, en la fábrica de Clot del Moro, en Berguedà. Es así como comienza a construir en el año siguiente el Chalé Catllarás, un edificio de tres plantas y seis viviendas, alejado de los bosques y rodeado de campos de cultivo y dehesas naturales, donde sus habitantes pudieran disfrutar de las vistas del entorno. Es una de las obras de Gaudí con una de las conjunciones más innegables de estética y funcionalidad. Durante los años que duró la construcción del chalé, Gaudí se alojó en la casa del industrial Joan Artigas i Alart dentro de la misma localidad de Pobla de Lillet. En señal de agradecimiento, Gaudí diseñó los jardines de Can Artigas para un terreno que el industrial poseía a los pies del rio Llobregat.
  4. Además de El Capricho, solo hay dos obras gaudinianas más fuera de Catalunya: se trata del Palacio Episcopal de Astorga (1889-1915) y de la Casa Botines (1891-1894). Ambos se encuentran en la provincia de León, el primero en la localidad que lleva en el nombre y el otro en la capital de la provincia. Se trata de dos edificios de estilo neogótico y modernistas, con claras influencias del arte gótico medieval y empleando superficies regladas a la vez que suprimía elementos decorativos como las almenas o las vainicas excesivas que vemos en su obra posterior. Sus funciones diferían la una de la otra: mientras que la Casa Botines acogía actividades comerciales y financieras, el palacio episcopal de Astorga sustituía un anterior palacio, quemado en un incendio años antes. El obispo Joan Baptista Grau encargó el proyecto a Gaudí que en ese momento también estaba inmerso en otros proyectos como la escuela de las Teresianas, los Pabellones Güell o la Sagrada Familia y vio imposible trasladarse a Astorga para el proyecto por lo que diseñó los planos a partir de fotografías y dibujos que el obispo le envió.

Estos edificios son la prueba de que para conocer realmente la obra de un maestro no es suficiente visitar lo que podríamos considerar la Fórmula 1 de su creación. Los chalés, las residencias y la historia detrás de cada uno de ellos son las pinceladas que nos ayudan a completar el conocimiento de la arquitectura del genio, yendo un paso más allá de lo archiconocido.

Acabamos con las buenas noticias: la obra de Gaudí mientras nos llenamos el estómago. Tanto la Casa Calvet en el Eixample de Barcelona como las Bodegas Güell en el Garraf acogen restaurantes que alimentan el estómago además de la vista y el alma. Esto sí, ¡id con cuidado! ¡No se os caiga la comida mientras babeáis con las bóvedas de la bodega o los frontones de la Casa!