La Barcelona que vivió Gaudí

By 15 octubre, 2019Antoni Gaudí

La recuperación del pasado, el interés por aquello que vuelve y revive para sorprendernos de nuevo con su belleza, ha sido una constante a lo largo de la historia. Un claro ejemplo de ello es el Renacimiento, que quiso recuperar la tradición clásica, aunque lo encontramos también en muchos aspectos de la naturaleza e incluso de las religiones. De este modo, el renacer ha cautivado a la humanidad, así como cautivó a la Barcelona en la que vivió Gaudí.

El renacer de la cultura catalana está ligado a la obra de este gran arquitecto que dejó la huella de la historia, cultura y tradición catalanas en todas sus obras. Lo vemos en el gran dragón de la fachada de la Casa Batlló, en el vitral con los colores de la señera en la escalera de honor del Palau Güell, en los soldados medievales de las chimeneas de La Pedrera, en los bancos de trencadís de Bellesguard y en muchos otros ejemplos. Sin embargo, Gaudí no fue el único artista e intelectual en formar parte de esta ideología o movimiento que pretendía recuperar la tradición y la cultura catalanas. Se trata de la “Renaixença”, palabra catalana que significa renacer.

Casa Batlló Gaudí
Casa Batlló Gaudí

La Renaixença catalana surge a mediados del siglo XIX con la intención de promover el uso del catalán en diferentes ámbitos de la cultura y de la literatura, ya que, en ese momento, el castellano era la lengua de uso en el ámbito de la vida pública, por ejemplo en los documentos oficiales, los grandes eventos, la legislación, la literatura, el teatro o la educación.

El contexto en el que vivió Gaudí fue un momento de reencuentro con la historia y tradición en toda Europa. El cambio en la sociedad que trajo la Revolución Industrial hizo que algunos países comenzaran a buscar sus momentos de gloria y el origen de su nación. El pasado medieval fue entonces reivindicado por muchos de ellos y esto fue lo que sucedió en Catalunya, donde se comenzaron a estudiar y recuperar toda una serie de leyendas y tradiciones que durante mucho tiempo habían quedado al margen.

Gaudí fue un maestro en el arte de las historias, uno de esos a los que les gusta esconder anécdotas en las ventanas de una habitación pequeña, o grandes historias en la fachada de un edificio bañado en colores. Es más, inventó formas que armonizaban con la naturaleza y la geometría al mismo tiempo. De este modo, en Bellesguard, Gaudí hizo una oda al fin de la dinastía de condes de Barcelona, ubicando el edificio junto a las ruinas del palacio de Martí l’Humà —de quien conservamos un retrato en el retablo del Traslado de las reliquias de San Severo en nuestro museo—. No solo la ubicación es importante, sino también los símbolos de la arquitectura del edificio, que pretenden recrear en su totalidad un castillo medieval. Así, encontramos una torre con una corona y con la la senyera que se alzan hacia el cielo, el gran dragón de la leyenda de Sant Jorge que se esconde en las formas de la terraza o los motivos decorativos del exterior de la casa que nos recuerdan la magnitud y el poder de la Corona de Aragón, a la que vez que el ocaso de la misma, entre otros. Todo un invento que hace dialogar el presente con el pasado, la casa con las ruinas i, en definitiva, la Renaixença de la época de nuestro arquitecto y los grandes tiempos la Corona de Aragón.

Bellesguard Gaudí
Torre Bellesguard