El reflejo de Gaudí

By 5 June, 2017Sin categorizar

La irregularidad, es decir, todo aquello inesperado, la sorpresa o el estupor, son partes esenciales y características de la belleza [Charles Baudelaire].

No nos sorprende sorprendente que una obra como la de Antonio Gaudí provoque, a todos aquellos que la observan, una mezcla de admiración, curiosidad y sorpresa. Aun así, su influencia ha acabado teniendo más peso para los arquitectos contemporáneos que para sus coetáneos.

La originalidad del arquitecto es difícilmente inimitable, por lo cual no se puede decir que haya “creado escuela”. De hecho, parte de su magia cae justamente en esta excepcionalidad. Aun así, numerosos arquitectos se han sentido atraídos de tal manera que la esencia de Gaudí ha acabado dando su característica pincelada.

Uno de ellos fue el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer que, inspirándose de los 60 arcos parabólicos que sostienen la azotea de la casa Batlló, decidió utilizar el mismo estilo de construcción para la iglesia de San Francisco de Asís, en la localidad brasileña de Pampulha. Él mismo afirmaba que “la libertad es lo que más admiro en un arquitecto. Gaudí es un arquitecto confuso, pero tuvo el valor de transgredir los cánones establecidos y por eso ocupa un lugar único en la arquitectura moderna”.

Otro de los grandes genios de la arquitectura que también quedó admirado por la obra de Gaudí fue Le Corbusier. Paseando por Barcelona contempló la Pedrera, la Casa Batlló, la Sagrada Familia e, incluso, las bodegas Güell cuando se dirigía a Sitges. La obra de Gaudí le despertó tanto de interés que en su cuaderno de viaje explica “Lo que vi en Gaudí fue la obra de un hombre con fuerza, con una fe y con una capacidad técnica extraordinarias […]. Gaudí fue un gran artista; solo aquellos que conmueven el corazón de los hombres quedan y quedarán”.

Se suele decir que una obra de arte es como una flecha, la parábola de la cual extiende los límites de aquello conocido y comprensible más allá de su tiempo. Es entonces cuando la obra logra su magnitud y es que, hoy en día, las construcciones de Gaudí continúan latiendo intensamente.